A veces, el abuso no deja moretones.
No grita.
No empuja.
No insulta.
A veces, el abuso… es simplemente silencio.
Ese mensaje que nunca llega.
Esa mirada que evita.
Esa respuesta que no aparece.
Esa frialdad que corta más que mil palabras.
¿Qué es el silencio emocional?
El silencio emocional ocurre cuando alguien decide ignorarte de forma constante, cuando tus emociones se topan con un muro invisible, cuando tu existencia parece no importar. No es un desacuerdo pasajero. Es una estrategia de control. Es una forma de castigo.
Y sí…
Eso también es abuso.
Solo que más silencioso, más sutil, más difícil de identificar.
El castigo invisible
La ausencia de palabras no siempre es paz.
A veces, es violencia pasiva.
Es castigar con indiferencia.
Es controlar sin gritar.
Es invalidar al otro haciéndolo dudar de su propio valor.
Te preguntas:
— ¿Estoy exagerando?
— ¿Será mi culpa?
— ¿Soy demasiado sensible?
Pero no.
No lo eres.
Lo que estás sintiendo es real.
Y nadie merece el frío emocional como respuesta constante.
Mereces más
Mereces una presencia real.
Aunque imperfecta.
Mereces palabras, aunque sean torpes.
Mereces respuestas.
Mereces amor que no te deje en la oscuridad del silencio.
El silencio emocional no es una muestra de madurez emocional.
Es una forma de evitar la responsabilidad afectiva.
Es una forma de violencia que deja huellas en el alma.
¿Qué puedes hacer?
Reconócelo.
Ponle nombre.
Habla de ello con alguien que escuche de verdad.
Protégente emocionalmente.
Y, sobre todo, recuérdate: no estás exagerando. Estás despertando.
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