¿Alguna vez te has preguntado por qué hay personas que parecen disfrutar haciendo daño a los demás? ¿Son simplemente malas... o hay algo más profundo detrás de su comportamiento?
La psicología nos ofrece una perspectiva reveladora: muchas de las personas que lastiman a otros, en algún momento, también fueron lastimadas. Esto no es una excusa para justificar sus actos, pero sí una clave para comprenderlos.
Cuando el dolor emocional no se procesa adecuadamente, puede transformarse en ira. Esa ira, si no se reconoce ni se canaliza, puede convertirse en agresión hacia los demás. Así nace un ciclo destructivo: quien fue víctima, a veces se convierte en victimario.
Es común que las personas emocionalmente rotas proyecten su sufrimiento en los demás. No lo hacen siempre con intención consciente. A veces, están tan desconectadas de su propio dolor que ni siquiera se dan cuenta del daño que causan.
Entonces, ¿son malos o están rotos? La respuesta no es simple. Puede que sean ambas cosas. O puede que simplemente estén atrapados en patrones de dolor no resuelto. Lo importante es entender que, aunque el origen del daño sea comprensible, el daño en sí no debe permitirse ni normalizarse.
Por eso, establecer límites claros es esencial. Podemos tener compasión, pero sin tolerar el abuso. Y, en los casos en que sea posible, podemos ayudar a otros a sanar... en lugar de seguir alimentando el ciclo del dolor.
Recordemos: detrás de una persona cruel, muchas veces hay una historia no contada. Una historia que merece ser comprendida, pero nunca a costa de nuestro bienestar emocional.
Enlace útil:
https://linktr.ee/Psychological.net
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Descargo de responsabilidad: Este contenido es solo para fines educativos y no constituye asesoramiento médico, psicológico ni psiquiátrico. Por favor, consulta con un profesional de la salud acreditado para recibir apoyo personal.
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